Viajar

Mi viaje a Venezuela como Tripulante de Cabina.

Debido a la situación política, económica y social  en la que está inmersa Venezuela, la mayoría de las aerolíneas que  están operando en el país, han modificado sus rutas, para que los tripulantes pernocten en ciudades cercanas como Bogotá, Miami o Santo Domingo.

Las tripulaciones de Iberia (España) que hacen el trayecto Madrid-Caracas, se quedan a dormir en Santo Domingo desde el pasado mes y hasta que la situación en el país » se normalice «.

Foto ruta Madrid-Caracas de Antena 3

Aunque es cierto, que  con el desarrollo de las comunicaciones y de internet, hoy en día estamos, afortunadamente, muy informados de lo que sucede en el país. Muchas veces no llegamos a empatizar, a sentir y a comprender  el dolor de la gente, hasta que no lo vivimos en nuestras propias carnes. El ser humano es así.      Por eso, como tripulante  que viajó varias veces a Venezuela en los últimos años concretamente a Caracas, quiero contar mi experiencia y la de mis compañeros, lo que nosotros pudimos ver y lo que vivimos allí. 

 La compañía aérea en la que yo trabajaba, tenía un avión alquilado a una compañía venezolana. Como TCP,  hay veces que  te toca volar a lugares que te gustan mucho y otras veces a sitios que te agradan menos.  Esto me pasaba cuando tenía programado un vuelo a Caracas. Lo primero que pensaba cuando veía mi roster  era: – puff, qué rollo, otra vez Caracas. Pero luego me motivaba pensar  que eran vuelos  fáciles,  que tenía mucho tiempo para descansar allí y además, económicamente, ganaba más que haciendo otros vuelos. 

Preparaba mi maleta, bueno, mis maletas. Porque la mayoría de las veces me tocó estar más de 15 días allí y eso significaba llevar  una maleta de ropa y otra de comida. 

Sí, una maleta llena de latas de comida y productos que no se estropearán demasiado  durante el viaje.  Teníamos  el alojamiento y el desayuno pagado por la compañía en un hotel de 5 *, el almuerzo  y la cena corría por cuenta del tripulante en este caso.  Para nosotros, el precio de la comida no suponía un problema, porque nos salía muy económico al cambio, el problema venía porque prácticamente no había comida. De  los 10 platos que  podías leer en » la carta menú» del restaurante o del room-service  normalmente les quedaban solo dos para elegir o como mucho tres.  Y eso era lo que tenían durante toda la semana. 

En el trayecto Madrid- Caracas el avión iba prácticamente vacío de pasajeros, apenas se ocupaba la mitad de su capacidad total.  Sin embargo, al volver a Madrid, los vuelos iban bastante más llenos, aunque nunca del todo. Los pasajeros venezolanos nos contaban las dificultades que les ponían a la hora de comprar los billetes de avión. Entraban en la página web de una aerolínea venezolana y encontraban un mensaje informándoles  de que los vuelos estaban completos. Lo mismo sucedía cuando llamaban por teléfono.  – Pero si van medio vacíos! les decía yo. Entonces me explicaban «los chanchullos» que se traían las agencias de viajes con las compañías.  Estas agencias compraban los billetes a las aerolíneas antes de salir a la venta para luego revenderlos en la calle hasta por cuatro veces más de lo que les costaban. Impidiendo a los venezolanos tener acceso a los precios reales. 

Con lo cual, en el caso de los vuelos internacionales, tenían dos opciones: o pagar esos precios desorbitados o intentar comprar el billete en una aerolínea extranjera, que  era también complicado porque les pedían pagar en Euros o Dólares.  Los afortunados de tener un amigo o familiar en el país de destino, conseguían que éste se los pudiera comprar desde allí.

El vuelo era más que tranquilo para nosotras. Apenas despegar, dábamos el servicio de comida, que consistía en una comida caliente, una ensalada , un postre y una bebida. Este servicio era bastante escaso y austero para lo que normalmente se repartía en otros vuelos de la misma duración. Yo sé que nuestros pasajeros se quedaban con hambre, pero nadie se quejaba, ( yo me imaginaba dando esa misma bandeja a un español, y tirandomela a la cara). Pero ellos no, ellos eran super amables, y de buena manera te daban las gracias y te sonreían. Qué triste es estar acostumbrado a conformarte con lo que hay.

Después de aterrizar en  Caracas, nos  recogían  en un minibus dos señores contratados por la compañía, que eran los encargados de llevarnos al hotel de forma segura. Normalmente ya estaban en la puerta  esperándonos  cuando salíamos, pero si no estaban, nosotras nos quedábamos dentro del aeropuerto hasta que llegasen. Cuanto menos tiempo pisáramos la calle, menos riesgos correríamos. Sólo los que fumaban se aventuraban a correr ese riesgo. Un día, vimos aparcado en la puerta un coche con un cepo y agujeros de bala por todo su  carrocería, que lo atravesaban como un colador. Me impactó mucho porque sólo había visto algo así en las películas  de Terminator.

Mientras cargábamos nuestras maletas y subíamos al autobús en el menor tiempo posible, siempre se acercaba algún mendigo a pedir dinero. Nuestro conductor y su ayudante lo echaban de allí sin muchos  miramientos. 

El autobús, como la mayoría de los que circulan por allí, era bastante antiguo, yo calculo que se acercaba a los 20 años. Llevaba en la puerta un papel hecho con un folio en el que ponía el nombre de nuestra compañía, para nosotros identificarlo, el cual, quitaban en cuanto nos subíamos, para no delatarnos. Llevaba unas cortinillas que siempre tenían que ir cerradas para que no nos vieran desde el exterior y nos aconsejaban que no las abriéramos ni asomáramos la cabeza.

Al llegar al hotel nuestra primera preocupación era poder cambiar nuestro dinero en Bolívares. De tanto viajar allí, muchos compañeros habían conseguido algún contacto de confianza en la ciudad que nos lo pudiera dejar a buen precio.  Intentar cambiar en el hotel o en las casas de cambio era totalmente impensable. 

Nos organizabamos para que uno de nosotros le escribiera un mensaje a este contacto con la cantidad que cada uno quería cambiar y luego él nos lo acercaba al hotel, intentando entrar de la manera más discreta posible con toda esa cantidad de bolsas de plástico llenas de dinero. 

No cambiábamos grandes cantidades, pero el Bolivar Fuerte estaba tan devaluado que cambiar sólamente un billete de 50€ te suponía quedarte con dos bolsas de plástico llenas de billetes. El momento de la repartición del dinero en la habitación de mi compañera/o parecía una escena de Narcos, con esa cama llena de fajos de billetes inservibles. Actualmente, con la implantación del nuevo Bolívar Soberano, se está intentando aliviar este problema.

Antiguos Bolívares Fuertes de Venezuela

Salir del hotel salíamos poco, o prácticamente nada. Aunque el hotel no estaba situado en un barrio de los conflictivos, estaba cerca de uno de ellos, cuando caía la noche, alguna vez se escuchaban disparos procedentes de las colinas de enfrente. Sí, sí, disparos.

Sólo algunos compañeros iban en contadas ocasiones a comer  a un restaurante a pocos metros. Pero siempre sin alejarse demasiado y acompañados. Los trabajadores del hotel nos recomendaban salir sin nada de mucho valor, ni de poco valor (porque aunque llevaras un reloj que te había costado poco, ya era suficiente motivo para que te dieran un susto al intentar quitártelo).  Así que, cuando salíamos, era siempre con mucho miedo, mirando a todas partes. Un grupo de niños, siempre haciendo guardia en la puerta,  nos perseguían pidiendo dinero hasta que se cansaban.

Cruzando la calle, había un pequeño supermercado en el que a veces entrábamos para comprar algo de fruta y poco más. Porque las estanterías estaban totalmente vacías. No había nada de nada para comprar. 

En el hotel poca cosa se podía hacer durante el tiempo libre, la piscina y el gimnasio ocupaban todo nuestro ocio. Y no me quejo, la verdad, eran días para descansar, lo malo es que cuando llevabas más de 15 días encerrado haciendo lo mismo, psicológicamente te afectaba. 

Había muchos días que el Gobierno realizaba cortes de luz durante varias horas con el fin de «ahorrar energía». Aunque los hoteles grandes suelen tener generadores eléctricos, nunca eran suficiente para dar luz a todas las zonas durante tanto tiempo. Así que, durante esas horas ya no se podía coger el ascensor, ni ir al gimnasio, ni ver la tele, ni cargar ningún aparato electrónico. Muchas veces, ese corte de luz nos coincidía con el momento en el que nos estábamos arreglando para ir a volar y tenías que ducharte a oscuras e ir a volar con el pelo medio mojado

El desayuno en el hotel, a pesar de que tenía un horario amplio, teníamos que bajar a primera hora si queríamos comer algo. Porque cuando se acababa se acababa. Y tienen que racionarla para todos los días. Algunas veces no había ni siquiera cucharas o tazas durante semanas.  Esto puede que no parezca demasiado alarmante, pero, si eso es lo hay en un hotel de 5 estrellas, ¿que habrá en el resto? ¿o en las humildes casas de la gente? 

Un día me quedé sin pasta de dientes, y bajé a preguntar a una pequeña tienda que había dentro del hotel, de las típicas que venden revistas y chanclas. El dependiente, un señor super agradable, en primer lugar me dijo que no tenía, pero luego echando un vistazo al cajón encontró un tubo de casualidad, le pagué lo que dijo y me fui. Cuando llegué a la habitación me dí cuenta que esa pasta de dientes era de una marca blanca de un supermercado español, que sólo se vende aquí. En seguida me dí cuenta, que los productos que los huéspedes les regalaban caritativamente cuando venían de fuera, incluídas mis compañeras y yo, algunas veces los acababan revendiendo.  Y es que no les juzgo, ante una crisis así,  se tienen que buscar la vida. 

A veces teníamos programados desde allí vuelos a Argentina, dormíamos una noche en Buenos Aires para descansar y volvíamos a Caracas con más pasajeros al día siguiente. En ese trayecto venían dos azafatas, empleadas de la compañía para la que operábamos, haciendo de representantes por si algún pasajero necesitaba información que nosotros no sabíamos. Esas azafatas que iban y volvían con nosotros llevaban siempre dos maletas gigantes cada una, que cargaban de cosas en Buenos Aires y luego repartían o revendían en su país. Me confesaban que era una forma de sacarse un dinero extra, ya que su salario base era de $50/mes.

No hay duda, de que en Venezuela la gente es extremadamente amable y educada. Y que todos esperamos que su situación mejore lo antes posible para poder disfrutar de este maravilloso país.

El objetivo de este post es compartir mi experiencia para que te pueda servir de guía a la hora de preparar tu viaje, que seas consciente de que hay que tener ciertas precauciones y que tendrás que prescindir de algunas comodidades, si tienes pensado ir próximamente por motivos de trabajo o vacaciones. 

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¿Has sufrido una cancelación, overbooking o retraso en tu vuelo y no sabes cómo reclamar?.Aquí te explico cómo hacerlo.


Antes de empezar el proceso, tienes que saber si en tu caso, tienes derecho a indemnización o no. A continuación puedes revisar las tablas con los sucesos más reclamados, y si te surgen dudas, siempre puedes exponer tu caso en los comentarios e intentaremos ayudarte.

Los derechos de los pasajeros están regulados por el Reglamento Europeo (CE) 261/2004. Este reglamento es aplicable para compañías aéreas de la UE o para el resto de compañías cuando aterrizan o despegan en un país de la UE.

Cancelación del vuelo o
denegación de embarque por Overbooking

En caso de cancelación del vuelo o de Overbooking, la compañía podrá ofrecerte estas opciones:

  • Reembolso del billete dentro de los siguientes 7 días.
  • Transporte alternativo comparable hasta el destino, lo más rápido posible.
  • Vuelo alternativo al destino final, en una fecha posterior, que le convenga al cliente.

A parte de esto, el pasajero tendrá derecho a las siguientes indemnizaciones:

Retraso en la salida o llegada del vuelo

En retrasos que superen las 2 horas, dependiendo de la distancia, el pasajero tendrá derecho a asistencia, que consiste en: comida y bebida, dos llamadas telefónicas o acceso a correo electrónico.

Cuando se llegue al destino final 3 horas o más tarde de la hora inicial programada, el pasajero puede tener derecho a una compensación económica, igual que si sufriera una cancelación, salvo que la aerolínea pueda demostrar que el retraso lo provocó una circunstancia extraordinaria.

¿Y si te han cambiado de clase?

No suele ser muy común, pero en algunas ocasiones, la compañía puede colocar al pasajero en una clase inferior a la que ha comprado, en este caso, la aerolínea está obligada a devolver un porcentaje del billete. Esto dependerá también de la distancia del vuelo y de si es dentro o fuera de la UE.

Si crees que te corresponde una indemnización y decides reclamar, estos son los pasos que deberías seguir:

PASO 1

-SI el billete de avión lo compraste con un viaje combinado de vuelo-hotel. Deberás dirigirte a la agencia de viajes que te lo vendió, ya sea online o presencial (BookingAtrápalo, tu agencia de barrio, etc..) para que se encarguen de la reclamación. Si este es tu caso salta al Paso 2.

-Si el vuelo lo compraste directamente a la compañía aérea, presenta una reclamación en el departamento de Atención al Cliente. Lo puedes hacer vía carta, hoja de reclamaciones en el aeropuerto, en el apartado correspondiente de su página web o por email, adjuntando una copia de los billetes. Guárdate siempre los billetes originales y una copia de la reclamación que has hecho. En los aeropuertos españoles, puedes rellenar una hoja de reclamaciones en AENA que harán llegar a la aerolínea.(Todas las opciones tienen la misma validez).

PASO 2

En el plazo máximo de un mes, si no has recibido respuesta, el siguiente paso es ponerte en contacto con AESA (Agencia Estatal de Seguridad Aérea). Este organismo se encarga de que las compañías aéreas operando en España cumplan con la ley. AESA examinará tu solicitud y se pondrá en contacto con el transportista en caso de que necesiten recabar más información o de que sospechen que se ha incumplido la ley. Te irán informando de la acciones tomadas y los resultados. Te emitirán un informe con su valoración y si es a tu favor, será muy útil para una posterior reclamación judicial.

Debes saber que AESA está para que se cumpla lo dispuesto en el Reglamento de Aviación Civil y se encargará de gestionar todo lo referente a Seguridad Aérea. Este organismo podrá sancionar a la compañía por incumplimiento de la Ley, pero no tiene competencia respecto a temas comerciales, ni podrá reclamar vía judicial ninguna indemnización para tí por dicho incumplimiento.

PASO 3

Si no has recibido más respuesta de tu compañía aérea que un simple: «Disculpe por las molestias causadas...»  o no quedas conforme con lo que te ofrecen,  la solución está en ir por la vía judicial para cobrar tu indemnización.

Hay muchas empresas, pero pocas son especialistas en pleitos con compañías aéreas. Yo conozco Airhelp, es la que he podido comprobar que funciona de manera sencilla y rápida. Sólo tienes que entrar en la página y comprobar si tienes derecho a indemnización. Te pedirán que envíes los billetes y rellenes unos datos sobre lo que pasó, para que tengan la máxima información posible. Recuerda guardar todos los tickets de comida, hoteles o transporte. Te podrán servir también para reclamar los gastos de ese día. Te irán informando de la reclamación y cuando la aerolínea les pague, te harán el ingreso restando su comisión, (aprox. 25%) por los servicios prestados, a lo mejor te puede parecer mucho, pero teniendo en cuenta que lo haces todo desde el ordenador sin tener que moverte de casa…

Créeme, merece realmente la pena, recuperar ese dinero que te pertenece por un servicio mal prestado, o en algunos casos, un servicio que no se ha  realizado.

Un saludo!

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